En medio del actual
debate internacional sobre el cambio climático, resulta instructivo mencionar
que las Naciones Unidas y la comunidad internacional han tardado dos
generaciones en llegar a este punto.
Para comprender
plenamente el debate en curso, debe considerarse la creciente preponderancia de
las cuestiones medioambientales en el programa mundial de actividades y la
evolución del cambio climático en ese contexto. Ni las cuestiones
medioambientales ni menos aún el cambio climático supusieron un importante
motivo de preocupación para las Naciones Unidas durante el período
inmediatamente posterior a la creación de la Organización. Durante los primeros
23 años de ésta, sus actuaciones en este ámbito se limitaron a actividades
operacionales, fundamentalmente a través de la Organización Meteorológica
Mundial (OMM), y cuando la Organización se centraba en esta cuestión, lo hacía
en el contexto de las preocupaciones más importantes de la época, tales como la
adecuación de los recursos naturales a las necesidades derivadas del desarrollo
económico de un buen número de miembros de las Naciones Unidas o de los
"países subdesarrollados", como se les conocía entonces.
En 1949, la Conferencia
Científica de las Naciones Unidas sobre Conservación y Utilización de los
Recursos (Lake Success, Nueva York, de 17 de agosto a 6 de septiembre) fue el
primer órgano de las Naciones Unidas en ocuparse del uso y agotamiento de
dichos recursos. Sin embargo, la atención se centraba fundamentalmente en cómo
gestionarlos en beneficio del desarrollo económico y social, pero sin
preocuparse por su conservación. No fue hasta 1968 cuando los principales
órganos de las Naciones Unidas consideraron seriamente las cuestiones
medioambientales. El 29 de mayo, el Consejo Económico y Social fue el primero
en incluir dichas cuestiones como un punto específico de su programa y en tomar
la decisión-- posteriormente aprobada por la Asamblea General --de celebrar la
primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano.
La Conferencia Científica
de las Naciones Unidas también conocida como la Primera Cumbre para la Tierra,
celebrada en Estocolmo (Suecia) del 5 al 16 de junio de 1972, adoptó una
declaración que enunciaba los principios para la conservación y mejora del
medio humano y un plan de acción que contenía recomendaciones para la acción
medioambiental internacional. En un apartado sobre la identificación y control
de contaminantes de amplio calado internacional, la Declaración planteó la
cuestión del cambio climático por primera vez, advirtiendo a los gobiernos que
debían tomar en consideración las actividades que pudieran provocar el cambio
climático y evaluar la probabilidad y magnitud de las repercusiones de éstas
sobre el clima. La Conferencia Científica de las Naciones Unidas también
propuso el establecimiento de estaciones para el seguimiento de la evolución a
largo plazo de los componentes y propiedades de la atmósfera, susceptibles de
provocar un impacto meteorológico, como el cambio climático.
Dichos programas debían
estar coordinados por la Organización Meteorológica Mundial con el objetivo de
ayudar a la comunidad mundial a comprender mejor la atmósfera y las causas de
los cambios climáticos, ya fueran naturales o como resultado de la actividad
del hombre. La Conferencia también hacía un llamamiento en favor de que se
convocara una segunda reunión sobre el medio ambiente y establecía el Consejo
de Administración del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA), cuya secretaría tendría su sede en Nairobi (Kenya), el Fondo para el
Medio Ambiente y la Junta de Coordinación para el Medio Ambiente. No obstante,
el cambio climático no se convirtió en una preocupación principal para estos
órganos. Los recursos hídricos, los mamíferos marinos, las fuentes de energía
renovables, la desertificación, los bosques, el marco jurídico medioambiental,
y la cuestión del medio ambiente y el desarrollo fueron las cuestiones que
adquirieron mayor preponderancia.
En los siguientes 20 años,
como parte de los esfuerzos por poner en práctica las decisiones de 1972, la
preocupación por la atmósfera y el clima mundial fue poco a poco suscitando la
atención y acción a escala internacional. En 1979 el Consejo de Administración
del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente solicitó a su
Director Ejecutivo, en el contexto del programa Earth Watch, el seguimiento y
evaluación del transporte a larga distancia de contaminantes atmosféricos, y
fue entonces cuando se adoptó el primer instrumento internacional en materia de
clima: la Convención sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a larga
distancia. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente elevó la
cuestión a un nivel superior en 1980, cuando su Consejo de Administración
expresó su preocupación por la destrucción de la capa de ozono y recomendó
medidas para limitar la producción y el uso de clorofluorocarbonos F-11 y F-12,
las cuales desembocaron en la negociación y adopción en 1985 de la Convención
de Viena para la Protección de la Capa de Ozono y la finalización del Protocolo
de la Convención sobre la contaminación atmosférica transfronteriza a larga
distancia de 1979, cuyo objetivo era reducir las emisiones de azufre en un 30%.
Mientras tanto, en Europa y América del Norte la lluvia ácida comenzaba a
ofrecer pruebas evidentes del cambio climático causado por la contaminación
atmosférica que dieron lugar a varios programas del Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial para
mantenerla bajo control.
Sin embargo, en 1987 la
Asamblea General de las Naciones Unidas dio un verdadero impulso a las
cuestiones medioambientales al adoptar la Perspectiva Ambiental hasta el año
2000 y más adelante, un marco para guiar la acción nacional y cooperación
internacional en materia de políticas y programas orientados a conseguir un
desarrollo respetuoso con el medio ambiente. La Perspectiva resaltaba la
relación entre medio ambiente y desarrollo e introducía por primera vez el concepto
de desarrollo sostenible. No obstante, resultó decepcionante que un documento
de política a tan largo plazo, por más que reconociera la necesidad de
tecnologías de aire limpio y el control de la contaminación atmosférica, no
diera preponderancia a la cuestión del cambio climático sino que la incluyera
en su directiva sobre política energética.
En 1988, el calentamiento
global y la destrucción de la capa de ozono adquirieron una preponderancia
creciente en el debate público y el programa político a escala internacional.
En enero, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente organizó un
seminario internacional para identificar los sectores medioambientales que
podrían ser más sensibles al cambio climático y se creó el Grupo Intergubernamental
de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), un foro para el estudio del
calentamiento debido al efecto invernadero y los cambios climáticos mundiales,
que se reunió por primera vez en noviembre. La Asamblea General identificó el
cambio climático como una cuestión específica y urgente. En su resolución sobre
la protección del clima mundial para las generaciones presentes y futuras,
pedía a la OMM y el PNUMA que iniciaran un examen amplio sobre el cambio
climático acompañado de las correspondientes recomendaciones, incluyendo las
posibles estrategias de respuesta para retrasar, limitar o paliar el impacto
del cambio climático. Como resultado de todo ello, 1989 fue un año decisivo
para la cuestión del cambio climático por ser el primero en que se emprendieron
esfuerzos mundiales significativos. La Asamblea, en su resolución 44/207 aprobó
la solicitud del Consejo de Administración del Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente para comenzar junto con la Organización Meteorológica
Mundial los preparativos de las negociaciones para una convención marco sobre
el cambio climático, al tiempo que también se tomaban medidas a nivel regional.
Además, Maldivas presentó el texto de la Declaración de Male sobre el
calentamiento de la atmósfera en todo el mundo y el aumento del nivel del mar
al Secretario General de las Naciones Unidas, y el 2 de mayo se adoptó la
Declaración de Helsinki sobre la protección de la capa de ozono. También en
1989, entró en vigor el Protocolo sobre Sustancias que erosionan la Capa de
Ozono o Protocolo de Montreal. Los esfuerzos para informar sobre los efectos de
los cambios climáticos se incrementaron aún más durante la Segunda Conferencia
Mundial sobre el Clima celebrada del 29 de octubre al 7 de noviembre de 1990.
En su Declaración ministerial, la Conferencia mencionó que el cambio climático
constituía un problema global de carácter singular que requería una respuesta
global.
Asimismo, hacía un
llamamiento para que se iniciaran sin más demora las negociaciones sobre una
convención marco. En 1992, a medida que la urgencia de adoptar medidas
internacionales más contundentes respecto del medio ambiente-- incluido el
cambio climático --conseguía impulso, la Asamblea General decidió convocar en
Río de Janeiro (Brasil) la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio
Ambiente y el Desarrollo. La Cumbre para la Tierra, como también se la conoce,
estableció un nuevo marco para los acuerdos internacionales con el objetivo de
proteger la integridad del medio ambiente a nivel mundial en su Declaración de
Río y el Programa 21, que ponían de manifiesto un consenso mundial sobre
cooperación en materia de desarrollo y medio ambiente. El Capítulo 9 del
Programa 21 trataba sobre la protección de la atmósfera y establecía el vínculo
entre ciencia, desarrollo sostenible, desarrollo y consumo energético,
transportes, desarrollo industrial, destrucción del ozono estratosférico y
contaminación atmosférica transfronteriza. El acontecimiento más importante de
la Conferencia fue la apertura para la firma de la Convención Marco de las
Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC); a finales de 1992, la
habían firmado 158 Estados. La Convención, en su calidad de acción más
importante sobre el cambio climático hasta la fecha, debía estabilizar las concentraciones
atmosféricas de "gases de efecto invernadero" a un nivel que evitara
una interferencia antropógena peligrosa con el sistema climático. Dicha
Convención entró en vigor en 1994 y en marzo de 1995 la primera Conferencia de
las Partes adoptó el Mandato de Berlín, emprendiéndose así las conversaciones
sobre un protocolo o algún otro instrumento jurídico que incluyera compromisos
más firmes por parte de los países desarrollados y en transición. La piedra
angular de la acción sobre cambio climático, en virtud de la Convención Marco
de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, resultó ser la adopción del
Protocolo de Kyoto en Japón en diciembre de 1997, que constituye la acción más
influyente en materia de cambio climático que se haya emprendido hasta la fecha.
Su objetivo era reducir
las emisiones totales de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero
de los países industrializados en al menos un 5% respecto de los niveles de
1990 durante el periodo de compromiso de 2008 a 2012. El Protocolo, cuya
apertura para la firma se produjo en marzo de 1998, entró en vigor el 16 de
febrero de 2005, siete años después de haber sido negociado por 160 países. Una
vez más, las Naciones Unidas habían dado muestras de su papel de liderazgo a la
hora de atraer la atención internacional sobre cuestiones que requieren medidas
de alcance mundial. No obstante, durante todos esos años la Organización ha
continuado con sus esfuerzos por hacer de la cuestión del cambio climático un
tema central del programa internacional, incluso cuando existen bandos
enfrentados que defienden posturas opuestas. A medida que las pruebas sobre los
riesgos de ignorar el cambio climático se hacen más patentes, las Naciones
Unidas perseverarán en su intento hasta que la cuestión sea respaldada por
todos.

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