jueves, 16 de julio de 2020

Noticia: Cambio Climático: ¿Qué efectos tienen en Argentina los incendios en Australia?



Lo sucedido en Australia encendió las alarmas domésticas y empujó a una pregunta. ¿Cuáles son los efectos del cambio climático y el calentamiento global en un país como Argentina? Los especialistas consultados por Página|12 consideran que la tendencia del calentamiento global se agudiza a partir de eventos de impacto global como los incendios en Australia , Amazonia y California, que al mismo tiempo son resultado de políticas negacionistas como las que llevan adelante Donald Trump y Jair Bolsonaro. También sostienen la necesidad de que las sociedades se comprometan en los cambios necesarios.

“Si solo nos ceñimos a la temperatura, podemos decir que en los últimos 60 años, la Patagonia experimentó un incremento del orden de un grado y el centro-norte del país de medio grado -explica Inés Camilloni, doctora por la Universidad de Buenos Aires en el área de Ciencias de la Atmósfera e Investigadora del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera-. En cuanto a lluvias, en el Litoral y la Pampa húmeda, aumentaron un 30%; situación que convirtió a esa porción del territorio, junto a algunos sectores de Brasil y parte de Uruguay, en una de las zonas donde más aumentaron las precipitaciones a nivel mundial. En Cuyo, por el contrario, disminuyeron. Las temperaturas más altas explican la retracción de la mayor parte de los glaciares de Argentina, salvo el Perito Moreno, y la disminución de los caudales de los ríos que provienen de agua de deshielos”.

“Lo que ocurre –continúa Camilloni– es que cambió la frecuencia de los eventos extremos. Las olas de calor se volvieron más asiduas, suelen durar más y alcanzan valores extremos; las lluvias se producen más espaciadas pero exhiben una intensidad creciente”, detalla Camilloni. Ello provoca un conflicto para ciudades como las argentinas con una densidad poblacional considerable, cuyas infraestructuras no están preparadas para soportar tanta cantidad de agua en tan poco tiempo. La Ciudad de Buenos Aires cuenta con la capacidad de evacuar agua en aquellos eventos en los que no llueve más de 30 milímetros en una hora. A partir de ahí, cuando se cruza esa franja, comienzan los problemas. “Desde los 60’s hasta la fecha se triplicó la ocurrencia de este tipo de eventos. Ello implica la necesidad urgente de mejoras en la infraestructura y la transformación de los sistemas de desagüe”, advierte.

Para colmo, llegó el verano y las olas de calor se hacen sentir. Hace seis años hubo una que, según Carolina Vera, doctora con orientación en Ciencias de la Atmósfera, especialista internacional en el estudio de Cambio Climático, quedó en el recuerdo. Al menos se estacionó en la memoria de los científicos que la estudiaron en detalle. “En diciembre de 2013, por ejemplo, vivimos una experiencia muy impactante en la que tuvimos 18 días con temperaturas altísimas. Fue cuando colapsó el sistema de electricidad en Buenos Aires. La tendencia a una mayor aridez combinado con el cambio en el uso de la tierra favorece las condiciones para la emergencia de fenómenos dramáticos, como pueden ser los incendios”. Y completa: “No solo se incendia el Amazonas o Australia, sino también ocurre en vastas regiones de nuestro país, desde Buenos Aires, pasando por Córdoba o La Pampa”, plantea Vera que, además, actualmente se encuentra a cargo de la Unidad de Gabinete del flamante Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación.

El conflicto que ocasiona el deterioro del ambiente fue reconocido por los referentes de la mayor parte de las naciones que habitan el globo. Para sortear tal escenario, los países consensuan estrategias a dos niveles: global y local. No obstante, a pesar del diagnóstico, las cosas no marchan del todo bien. Los actores más poderosos son los que más gases de efecto invernadero emiten y, paradójicamente, invierten migajas en la reversión del problema. Temen, a veces de manera tácita y otras lo expresan a viva voz, que sus economías –basadas en matrices energéticas alimentadas a partir de combustibles fósiles– se desplomen. En efecto, los compromisos discursivos se materializan en instrumentos y declaraciones que rara vez se traducen en acciones concretas.

El último gran antecedente de consenso para la acción estuvo plasmado en la Tercera Comunicación Nacional sobre Cambio Climático, de la que Vera fue promotora. Junto a otros expertos del ámbito se embarcaron en un ambicioso proyecto que procuraba analizar las señales de variación de cambio climático en el país desde 1960 hasta el 2010. Realizaron mediciones, de acuerdo a proyecciones sobre las emisiones de gases a futuro, y examinaron cuánto aumentaría la temperatura y cómo se robustecería el proceso de calentamiento global. Como resultado pudieron comprobar que, a fines de siglo XXI y en un escenario de grandes emisiones, una de las zonas del planeta con los aumentos más significativos de temperatura sería el noroeste argentino. Esta región, según las conclusiones proyectadas, registrará un incremento que oscilará entre los 3 y 4 grados.

El calentamiento global es uno de los tantos modos en que se expresa el Cambio Climático. Los seres humanos son los responsables de encender la hornalla que calienta más y más el ambiente, una olla que se presta a hervir en un futuro cada vez más cercano. Aunque los gases se emitan en China, en Estados Unidos o Europa Occidental (entre los tres explican la mitad de las emisiones totales), la atmósfera los difunde en el término de semanas por todo el planeta. Lo que contamina un país afecta a todos. El Cambio Climático, a su vez, es un proceso de variación significativa del clima, calculada durante un largo período de tiempo. Sin embargo, no siempre pudo medirse. Recién hacia finales del siglo XIX los expertos consiguieron diseñar instrumentos de medición confiables con el propósito de evaluar la transformación que percibían pero no podían documentar con precisión.

En la actualidad, las variaciones en el clima y los efectos del calentamiento global se exploran a partir de las observaciones y el examen de datos. Las temperaturas pero también la lluvia, la velocidad del viento, la nubosidad y la presión evolucionaron a través del tiempo. “Trabajamos con bases de datos de observaciones para la detección del cambio climático. Se trata de identificar cómo se modificó el clima a lo largo del tiempo en un lugar y una región determinada. Recurrimos a datos provistos por el Servicio Meteorológico, a información satelital y a una combinación robusta de fuentes para saber qué es lo que ocurre. Cuando buscamos trazar proyecciones, trabajamos con simulaciones que nos permiten pensar cómo podría ser la actividad del ser humano en el futuro, su emisión de dióxido de carbono, su participación en actividades como la deforestación y los cambios del suelo”, relata Camilloni.

Negacionismo de primera

En un marco de capitalismo agresivo como el actual, la protección de los ecosistemas y de los valores naturales es concebida por algunas figuras de relevancia internacional como un obstáculo para el progreso. Desde este prisma, mirada peligrosa si las hay, observan la realidad algunos de los mandatarios más importantes del mundo. El vecino Jair Bolsonaro resta importancia a los incendios que durante 2019 barrieron con 900 mil hectáreas de bosque nativo del Amazonas y Donald Trump hace lo propio con el avance incontrolable de los fuegos que, en California, calcinaron una superficie similar que ronda las 800 mil hectáreas. A este dúo cercano de negacionistas del Cambio Climático se suma Scott Morrison, el Primer Ministro australiano, país que por estos días afronta una de las peores catástrofes ambientales en su historia.

Trump fue el primero en quedarse ciego. En 2017 quitó a EEUU del Acuerdo de París contra el Cambio Climático, pese a comandar el ranking como el principal emisor de gases de efectos invernadero. Su decisión no escapa a una controversia: aunque parezca una broma Estados Unidos es uno de los principales financiadores de las investigaciones y los eventos científicos sobre Cambio Climático. Las razones de la salida son obvias. Existe una industria muy potente, con fuerte capacidad de lobby, que creció sobre la base de la explotación de los combustibles fósiles y le conviene desmarcar el uso intensivo del petróleo como responsable principal del cambio climático. Trump, Bolsonaro y Morrison constituyen voces minoritarias pero fuertes a nivel geopolítico y con presencia en la arena global. Afortunadamente, también hay de las otras. En poco tiempo, la activista sueca de 17 años recién cumplidos, Greta Thunberg, ha adquirido fama mundial por demostrar una notable capacidad de aglutinar reclamos que hasta la fecha se encontraban desperdigados. Así, con efecto rebote, se articularon a la luz de su eco las voces de agrupaciones que interpelan las acciones de los gobernantes de turno y denuncian las negligencias que se cometen en cada caso. La “Red jóvenes por el clima” constituye un caso valioso al respecto.

En este marco, presentada la contienda, vale preguntarse: ¿en el pasado hubo cambio climático? Sí, pero el uso intensivo de los combustibles fósiles modificó –radicalmente– el paisaje. Las transformaciones demuestran una aceleración tan importante que produce vértigo. Las actividades que emplean petróleo, gas y carbón, así como los procesos de cambio en el uso del suelo generan buena parte de las emisiones. Cuando se reemplaza la cobertura natural por espacios construidos con cemento, hormigón, asfalto, o bien, cuando se sustituye a los pastizales por producciones agrícolas también se modifica el sistema climático.

Para colmo, las consecuencias del cambio climático se articulan en cascada. Con el aumento progresivo de la temperatura se trastoca todo el equilibrio aparente. Los eventos extremos se manifiestan con más intensidad; se multiplican las olas de calor; las lluvias más copiosas producen inundaciones de película; las tendencias a la disminución progresiva en otras regiones conducen a sequías y desertificación; se derriten a mayor velocidad los hielos y glaciares; se incrementa el dióxido de carbono en la atmósfera, que ocasiona la acidificación de los océanos, que conduce a los corales a una situación de riesgo de extinción.

Existen objetivos mundiales a los que Argentina suscribe, a través de cumbres y eventos internacionales. La delimitación de las emisiones de gases de efecto invernadero, por caso, supone una de las líneas a la que tradicionalmente la mayoría de los países adhiere, excepto EEUU. Por otro lado, existen estrategias locales de mitigación que se deben implementar, necesariamente, teniendo en cuenta las características específicas de los territorios nacionales. En este caso, el propósito más urgente se relaciona con minimizar los daños que trae aparejados el cambio climático. La “adaptación al cambio” suele ser la meta principal.

Desde esta perspectiva, los manuales de políticas en el área detallan recetas de platos revestidos de condimentos distintos pero que saben similar. A saber: se podría gestionar la capacitación de los productores agrícolas para que adecuen las fechas de sus cosechas y las siembras en función del clima; fomentar que los municipios cuenten con sistemas de alerta temprana ante eventos extremos; brindar seguros frente a sequías e inundaciones; planificar obras de canalización y desagüe; así como también códigos de edificación en las ciudades.

“En general, las naciones más perjudicadas por el cambio climático son las menos responsables -asegura Camilloni-. Por eso es que siempre que se debate acerca de estas temáticas, se deben discutir cuestiones como la equidad, la justicia, el crecimiento y el desarrollo sostenible. No solo se trata de una decisión de los políticos, también requiere de una iniciativa de transformación que compromete a toda la sociedad. Es necesario evaluar los riesgos que ocasionan el aumento de la temperatura, las condiciones de adaptabilidad, las estrategias que podemos desarrollar al respecto, saber quiénes pagarán los costos de adaptación. Son aspectos que se deben reconocer en un debate que nos debería incluir a todos los ciudadanos”.

La articulación de acciones entre el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación junto al de Medioambiente es clave. Como la urgencia de la crisis no puede esperar, los titulares de las respectivas carteras ya realizaron reuniones para poner manos a la obra. “Hemos tenido encuentros muy fructíferos con el equipo de Juan Cabandié -agregó Vera-. Somos conscientes de que las propuestas surgen como resultado entre los aportes que provienen del conocimiento científico y de otros saberes, como los locales y originarios, que son muy valiosos y debemos incorporarlos a la agenda. Cuando los problemas son socioambientales necesitamos establecer diálogos amplios pero bien fundamentados. Desde la comunidad científica tenemos mucho para aportar, hay un montón de grupos que en todo el país han desarrollado herramientas para combatir el cambio climático”.

Página 12

viernes, 10 de julio de 2020

Noticia: Nuevas predicciones climáticas de las temperaturas mundiales de los próximos cinco años de la Organización Meteorologica Mundial


La temperatura media de la Tierra ya está 1,0 °C por encima del valor de la era preindustrial. En el último período quinquenal se han registrado los cinco años más cálidos de los que se tiene constancia.

Ginebra, 9 de julio de 2020 — Es probable que la temperatura media mundial anual esté por lo menos 1 °C por encima de los niveles preindustriales (1850-1900) en cada uno de los próximos cinco años (2020-2024), y las probabilidades de que, por lo menos un año, supere ese valor de referencia en más de 1,5 °C son del 20 %, según nuevas predicciones climáticas emitidas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

En el boletín sobre el clima mundial anual a decenal, de cuya elaboración se encarga la Oficina Meteorológica del Reino Unido, se proporciona una proyección climática para los próximos cinco años que se actualiza con carácter anual. Sobre la base de los conocimientos especializados de climatólogos de renombre internacional, y utilizando los mejores modelos informáticos de centros climáticos de vanguardia de todo el mundo, se dota a las instancias decisorias de información de aplicación práctica.

“Este estudio de alto nivel científico pone de manifiesto el largo camino que queda por recorrer si queremos cumplir el objetivo del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático de lograr que este siglo el aumento de la temperatura mundial quede muy por debajo de los 2 °C con respecto a los niveles preindustriales y de proseguir con los esfuerzos para limitar ese incremento de la temperatura a 1,5 °C”, dijo el Secretario General de la OMM, Petteri Taalas.

Las predicciones tienen en cuenta las variaciones naturales, así como también la influencia humana en el clima, a fin de proporcionar los mejores pronósticos posibles de la temperatura, la precipitación, la configuración del viento y otras variables para los próximos cinco años. Sin embargo, los modelos de pronóstico no toman en consideración los cambios en los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero y aerosoles fruto de las medidas de confinamiento adoptadas a raíz del brote de la enfermedad provocada por el coronavirus.

“La OMM ha recalcado en repetidas ocasiones que la ralentización industrial y económica causada por la COVID-19 no sustituye una acción climática continuada y coordinada. El período de persistencia del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera es extremadamente prolongado y, a raíz de ello, no se espera que la reducción en las emisiones de este año suponga una disminución de las concentraciones atmosféricas de CO2 que impulsan la subida de la temperatura mundial”, apuntó el profesor Taalas.

“Si bien la COVID-19 ha ocasionado una grave crisis sanitaria y económica a escala internacional, el hecho de no abordar el cambio climático puede amenazar el bienestar de las personas, los ecosistemas y las economías durante siglos, por lo que los gobiernos deberían aprovechar la oportunidad para integrar la acción climática en los programas de recuperación y velar por que, al retomar la senda del crecimiento, este se sustente en mejores cimientos”, afirmó.

El profesor Adam Scaife, jefe de predicción a largo plazo del Centro Hadley de la Oficina Meteorológica del Reino Unido, señaló: “Se trata de una nueva capacidad científica apasionante. A medida que se intensifica el cambio climático antropógeno, cada vez es más importante que gobiernos e instancias decisorias puedan servirse de datos actualizados anualmente para comprender los actuales riesgos climáticos”.

Aspectos destacados
·       Es probable que la temperatura mundial anual supere por lo menos en 1 °C los niveles preindustriales (que corresponden a la media del período 1850-1900) en cada uno de los próximos cinco años, y es muy probable que ese aumento oscile entre 0,91 y 1,59 °C.
·       La probabilidad de que, durante los próximos cinco años, haya uno o varios meses con una temperatura por lo menos 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales es del ~70 %.
·       Hay una probabilidad del ~20 % de que la temperatura de uno de los próximos cinco años supere en por lo menos 1,5 °C los niveles preindustriales, pero esa probabilidad se va incrementando con el paso del tiempo.
·       Es extremadamente improbable (~3 %) que la temperatura media de los cinco años correspondientes al período 2020-2024 supere en más de 1,5 °C los niveles preindustriales.
·       En el período 2020-2024, es probable que la temperatura de prácticamente todas las regiones, salvo en partes de los océanos meridionales, sea más cálida que en el pasado reciente.
·       En el período 2020-2024, es probable que en las regiones situadas en latitudes altas y en el Sahel se produzca un aumento de la precipitación con respecto al pasado reciente, mientras que en las zonas septentrional y oriental de América del Sur es probable que las condiciones sean más secas.
·       En el período 2020-2024, las anomalías de la presión a nivel del mar sugieren que en la región septentrional del Atlántico Norte los vientos del oeste podrían intensificarse y ello podría suponer un incremento de la actividad tormentosa en Europa occidental.
·       En 2020, es probable que la temperatura de amplias zonas terrestres del hemisferio norte supere en más de 0,8 °C el valor del pasado reciente (que corresponde a la media del período 1981-2010).
·       En 2020, es probable que el Ártico se haya calentado más del doble que la media mundial.
·       El cambio en la temperatura más pequeño se espera en los trópicos y en zonas de latitudes medias del hemisferio sur.
·       En 2020, es probable que en muchas partes de América del Sur, África meridional y Australia las condiciones sean más secas que en el pasado reciente.



Noticia: Llegó el momento de la transición energética

       

         La pandemia del coronavirus no solo ha costado ya más de 547.000 vidas en todo el mundo y causado daños gigantescos a la economía. Irónicamente, la parálisis global ha salvado también decenas de miles de vidas, más de 11.000 solo en Europa, debido a la reducción en la contaminación ambiental. De hecho, la polución del aire mata cada año a siete millones de personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así, esos cielos azules, inusuales en muchas ciudades del mundo podría ser una de las noticias positivas que ha generado esta pandemia.

        Se espera que las emisiones globales de dióxido de carbono o CO2 disminuyan en casi un 8% este año, la mayor caída en la historia. Esos datos, si bien muestran el lado positivo de un momento crítico para la humanidad, reflejan también el gran desafío que se avecina. Para lograr los objetivos del Acuerdo de París necesitamos, todos los años hasta 2030, una reducción de las emisiones de CO2 de la misma magnitud que la inducida por la covid-19.

        Tanto la pandemia como el cambio climático son de naturaleza global. No respetan las fronteras nacionales y nadie es inmune a sus impactos. Solo las acciones conjuntas controlarán efectivamente la pandemia o mitigarán la escala del cambio climático.

      La crisis causada por la covid-19 también nos enseña que la acción temprana es esencial y que la inacción es costosa en términos económicos y de vidas. De la misma forma, cuanto más tarde se tomen medidas para mitigar el crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero, más difícil será limitar el calentamiento global y mayores serán sus impactos en la economía, así como en la vida de las personas.

       A pesar del escenario positivo en términos de reducción de los desplazamientos y la propensión a aumentar la digitalización, el futuro del consumo de energía, la matriz de generación y las emisiones aún está abierto, y depende de las decisiones que tomemos para fomentar el retorno del crecimiento económico.

        Los Gobiernos de todo el mundo están diseñando paquetes de estímulo masivo para tratar de reanudar sus economías después de que la pandemia haya reducido su impacto. Es probable que estos enormes programas de gasto, por su tamaño, definan la infraestructura de los países en las próximas décadas. La decisión de cómo invertir los recursos de recuperación definirá el mundo después de la pandemia. Restaurar la vieja economía o invertir en una economía baja en carbono es una decisión que determinará el camino, no solo de la recuperación, sino también de nuestro futuro climático.

La gran limitación para el crecimiento de las fuentes renovables no convencionales ya no es el precio, sino su intermitencia

        Tenemos frente a nosotros, entonces, una oportunidad histórica de convertir una crisis en una gran oportunidad para la reconversión energética de América Latina y el Caribe.

        El impacto económico de la pandemia es tan grande que la prioridad inmediata de los gobiernos será la reanudación del crecimiento productivo y la creación de empleos una vez superada la crisis. Pero los planes de recuperación no deben alejarnos del objetivo de descarbonizar la economía, especialmente al adoptar soluciones que tendrán consecuencias negativas a largo plazo, como revertir los estándares ambientales o subsidiar industrias basadas en combustibles fósiles.

Una recuperación económica energéticamente sostenible

        Un paquete de estímulo sustentable debe centrarse simultáneamente en el corto plazo, garantizar el empleo para millones de personas y, a largo plazo, acelerar la transición energética.

        El crecimiento en el consumo de electricidad que se ha estado produciendo a través de la electrificación del transporte y la generación de calor se verá reforzado por la nueva tendencia en el trabajo a distancia. La mayor dependencia de la electricidad tendrá un impacto significativo en la naturaleza misma del consumo de combustible primario utilizado para su generación. Esto provocará el reemplazo de combustibles fósiles por renovables. La adopción de tecnologías de energía renovable crea oportunidades de trabajo en toda la cadena de suministro.

        La gran limitación para el crecimiento de las fuentes renovables no convencionales ya no es el precio, ya que son más baratas que las energías fósiles, sino su intermitencia. Aumentar la flexibilidad del sistema eléctrico a través de inversiones en transmisión, almacenamiento (batería e hidrógeno verde) y responder a la demanda es la forma de acomodar cantidades crecientes de energías renovables.

      En este sentido, la digitalización también toma un papel fundamental, especialmente para aumentar la productividad, la seguridad, la accesibilidad y la sostenibilidad de los sistemas energéticos. La digitalización es esencial para mantener la matriz energética cada vez más descarbonizada y descentralizada, funcionando de manera estable y accesible. Además, permite monitorear los sistemas, detectar problemas y adquirir los servicios y soluciones necesarios para mantenerlos en funcionamiento. Y eso se torna cada vez más importante en contextos como el de la pandemia actual.

    Para nosotros, los usuarios, la digitalización permite elegir los servicios que necesitamos y nos abre la puerta a convertirnos en participantes activos en el sistema energético.

      De nosotros depende el aprovechar esta oportunidad histórica de recordar en el futuro no solo el daño que causó esta pandemia, sino también nuestra capacidad de transformar la crisis en un punto de inflexión para nuestra reconversión energética.

El País


miércoles, 8 de julio de 2020

Noticia: Argentina. Provincia de Jujuy, última etapa de pruebas en el Parque Solar Cauchari que tiene una capacidad de 300 MW



El emprendimiento se prepara para inyectar energía limpia al sistema mayorista. El parque solar Cauchari, de 300 Mw (megavatios), comenzará a inyectar energía renovable al sistema argentino de interconexión -a un costo de 60 dólares el megavatio-hora (MWh)-, en principio desde fines de este mes si supera las pruebas necesarias para el enlace.

 

"Jujuy se posiciona no solamente en el país sino en el mundo como un gran proveedor de energías renovables en base a esta riqueza que nos regala la naturaleza, con una de las radiaciones solares más altas del mundo", aseguró el secretario de Energía provincial, Mario Pizarro, a Télam.

La mega planta, montada a 4.200 metros de altura sobre el nivel del mar en la Puna jujeña, finalmente será habilitada luego de varias postergaciones.

 

La última demora registrada fue por la construcción de la subestación transformadora del Altiplano, que no era competencia de la provincia, la cual quedó concluida.

 

La obra de Cauchari Solar SE se encuadra en el concepto de "energía verde", de cuidado del medio ambiente, impulsado por el Gobierno provincial, y contribuye al cambio de la matriz energética.

 

Con más de 2.400 horas al año de sol pleno, la geografía y el clima de la Puna crean condiciones únicas para la generación de energía solar, donde se plantaron a tierra 1,2 millón de paneles fotovoltaicos a lo largo de 600 hectáreas en el departamento de Susques.

 

De esta manera, se convertirá en el más grande de su tipo en Latinoamérica con una potencia de 300 Mw, y una capacidad para abastecer a 100 mil familias.

 

De no mediar inconvenientes las pruebas de conexión terminarán a fin de mes, para lo cual Cammesa (la administradora mayorista) deberá emitir los instrumentos resolutivos que aprueben el comportamiento de la línea.

 

"Cauchari forma parte de una política de Estado que está en consonancia con la preocupación de muchos países del mundo en la lucha contra el cambio climático y el gas de efecto invernadero", afirmó Pizarro, y agregó que la obra es el resultado de "una visión estratégica grandísima".

 

Cauchari empleó durante las diferentes etapas de construcción a más 1.200 personas (el 60% de ellos residentes de la zona), siendo el único proyecto en energía renovable que es netamente provincial.

 

Antes de ejecutar el proyecto se realizaron las consultas previas a las comunidades del lugar que "son socias de Cauchari", indicó el funcionario.

 

En ese sentido, la comunidad de Puesto Sey, del Pueblo Atacama, obtendrá un 2% de las utilidades que produzca la planta.

 

Cauchari Solar, conformado por tres plantas de 100 Mw cada una, comenzó a tomar forma hace cuatro años después de que la provincia ganara la licitación nacional e internacional convocada por el Gobierno nacional en el marco del programa RenovAR (ronda 1).

"Lo que se licitó en realidad es el precio por el cual nosotros vamos a vender la energía renovable al mercado eléctrico mayorista, 60 dólares el megavatio hora por 20 años", indicó Pizarro.

 

"Está garantizada la compra a través de un contrato PPA que suscribió Cammesa con la provincia de Jujuy", dijo en relación con lo que en total produzcan los tres parques solares.

 

La mega obra estuvo a cargo de las contratistas Power China y Shanghai Electric, a partir de la toma de un crédito del Eximbank con una tasa del 3%, y de la colocación de un bono internacional ("bono verde") por parte del Gobierno provincial.

 

La finalización de la obra civil y terminación mecánica de las tres plantas se concretó el año pasado.

 

El antecedente más inmediato de inyección de energía solar al sistema interconectado del país es el parque fotovoltáico Ullum de San Juan, de 13,5 Mw de potencia, en julio del año pasado.

Neuquen al instante

Noticia: El Polo Sur es uno de los lugares que más rápido se calienta en el mundo



El Polo Sur , la parte más aislada del planeta, también es uno de los lugares que más rápido se calienta . El aumento de la temperatura del aire en la superficie de esa región se calienta a un ritmo tres veces mayor que el promedio mundial desde la década de 1990, dijeron científicos este lunes.

Si bien el calentamiento podría ser el resultado solo del cambio climático natural, dijeron los investigadores, es probable que los efectos del calentamiento causado por el hombre hayan contribuido a ello .

 

El polo, hogar de una base de investigación de Estados Unidos en la profundo y helado interior de la Antártida, se calentó aproximadamente 0,6 grados Celsius por década en los últimos 30 años, informaron los investigadores en un artículo publicado en Nature Climate Change . El promedio global durante ese tiempo fue de aproximadamente 0,2 grados Celsius por década.

 

Aunque partes de la Antártida costera están perdiendo hielo, lo que contribuye al aumento del nivel del mar, el polo no está en peligro de derretirse, ya que la temperatura promedio durante todo el año sigue siendo de -50 grados Celsius . Pero el hallazgo muestra que todos los rincones del planeta se ven afectados por el calentamiento global.

 

Analizando los datos meteorológicos y utilizando modelos climáticos, los investigadores descubrieron que el aumento de la temperatura es el resultado de cambios en la circulación atmosférica que tienen su origen a miles de kilómetros de distancia en el Océano Pacífico tropical occidental .

 

"El Polo Sur se está calentando a un ritmo increíble, y es impulsado principalmente por los trópicos", dijo Kyle R. Clem, investigador posdoctoral en la Universidad Victoria de Wellington en Nueva Zelanda y autor principal del estudio.

Poca señal antropogénica

Si bien es muy probable que el cambio climático resultante de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero haya desempeñado un papel, el análisis mostró que la variabilidad climática natural podría explicar el cambio extremo en la temperatura , enmascarando efectivamente cualquier contribución causada por el ser humano.

 

"El interior de la Antártida puede ser uno de los pocos lugares que quedan en la Tierra donde la señal antropogénica no se puede detectar fácilmente debido a una variabilidad tan extrema", dijo el Dr. Clem.

"Pero es muy, muy poco probable obtener una tendencia al calentamiento tan fuerte sin el aumento de los gases de efecto invernadero", agregó.

Los registros de temperatura en el polo se han mantenido desde 1957, cuando se construyó allí la primera base norteamericano. Durante décadas, las temperaturas medias fueron constantes o disminuyeron. Los fuertes vientos del oeste que rodeaban el continente sirvieron como barrera, evitando que el aire más cálido entrara en el interior.

Pero eso cambió cerca de fines del siglo XX , dijo el Dr. Clem, cuando las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico tropical occidental comenzaron a aumentar, parte de una oscilación natural que ocurre en una escala de tiempo de décadas.

 

El Polo Sur es uno de los lugares que más rápido se calienta en el mundo

 

Combinación de fenómenos

El calentamiento del océano calentó el aire, lo que causó ondas de alta y baja presión en la atmósfera, que llegaron hasta la Península Antártica, a más de 8000 kilómetros de distancia. Los científicos llaman a este tipo de enlaces de larga distancia teleconexiones .

 

Junto con los fuertes vientos del oeste, que son parte de otro patrón a largo plazo, las ondas provocaron tormentas más fuertes en el mar de Weddell, al este de la península. Estas tormentas giratorias, o ciclónicas, arrastraron aire más cálido desde el Océano Atlántico Sur hacia el interior del continente.

Las tormentas más fuertes en el mar de Weddell también han llevado a una disminución reciente en el hielo marino en la región.

El Dr. Clem dijo que el calentamiento no fue uniforme en toda la meseta antártica , la enorme extensión que cubre la mayor parte del interior, incluido el polo, con una elevación promedio de un poco más de tres kilómetros. Pero la única otra base permanente en la meseta, la estación Vostok de Rusia a unos 1300 kilómetros del polo, también ha registrado un rápido aumento de la temperatura.

 

Las ondas del Pacífico tropical también tuvieron un efecto en la Península Antártica, que durante la mayor parte de finales del siglo XX había sido una de las zonas de calentamiento más rápido. Pero en las últimas décadas, la tasa de calentamiento ha disminuido significativamente .

 

"El lugar más remoto del planeta"

En un correo electrónico, dos investigadores de la Universidad de Colorado, Sharon E. Stammerjohn y Ted A. Scambos, dijeron que si bien el resto del mundo se ha estado calentando constantemente en las últimas cinco décadas, la Antártida ha experimentado grandes cambios, y probablemente siempre ha sido así. Ninguno de los científicos participó en la investigación, pero escribieron un comentario sobre el estudio publicado en el mismo número de la revista.

A medida que las temperaturas oceánicas en el Pacífico tropical cambien hacia el enfriamiento, dijeron, la tasa de calentamiento en el Polo Sur probablemente disminuirá también , pero no tanto como lo hubiera hecho sin el cambio climático causado por el hombre.

En una entrevista, el Dr. Stammerjohn dijo que "el calentamiento en el Polo Sur es significativo porque es el lugar más remoto del planeta" .

 

Preocupación por las costas

"Pero todavía no va a superar la congelación", dijo. "Todavía no tenemos que preocuparnos demasiado por perder hielo en el polo. Pero definitivamente las costas son otro asunto" .

 

Especialmente a lo largo de la costa de la Antártida Occidental, el agua tibia que se eleva desde la profundidad por la acción del viento está derritiendo las plataformas de hielo desde abajo, lo que finalmente conduce al aumento del nivel del mar.

El Dr. Stammerjohn dijo que había cada vez más evidencia de que la forma en que el planeta está respondiendo al calentamiento estaba cambiando la atmósfera y la circulación oceánica a gran escala.

El Polo Sur es uno de los lugares que más rápido se calienta en el mundo.

 

"Y eso es lo que está contribuyendo a las aguas profundas más cálidas", dijo. "Habrá mucha variabilidad superpuesta a eso, pero la dirección y la proyección serían hacia más agua tibia y más pérdida de la capa de hielo".

"Es tan fácil pensar que la Antártida está aislada y remota y que no va a responder al cambio climático", dijo el Dr. Stammerjohn. Si bien el impacto en el Polo Sur puede no ser tan significativo, la pérdida de hielo a lo largo de la costa tiene enormes implicaciones.

 

Es el que va a cambiar nuestro nivel del mar dramáticamente" , dijo.

 

The New York Times